Durante los días de verano, mi correo electrónico recibe innumerables
mensajes sobre las celebraciones del mes del orgullo gay. Me hace recordar que
otra vez es tiempo de sentirnos orgullosos de ser maricones – palabra
que utilizo con mucho cariño y respeto.
En algunos diccionarios la palabra orgullo se define como la alta estima de
sí mismo o de las cosas propias. Como latinos gay, bisexuales, travestis,
transg&ecute;neros, lesbianas, homosexuales, maricones, etc. (como mejor se
identifique cada quien), deberíamos tener una excelente estima por ser
lo que somos, por nuestras cosas propias, virtudes y defectos; por nuestras
experiencias vividas. Debemos sentir alta estima, no sólo una tarde de
verano, sino cada día de nuestra existencia.
Sin embargo, esto sucede muy poco. En la actualidad, el orgullo se reduce a
una febril fiesta de verano donde las banderitas de arco iris y la
superficialidad de los consumidores de festivales se expresa eufóricamente.
Quizá es el ánico referente sociocultural que pretende enorgullecernos.
Pero sin duda podemos hacer mucho más.
Los festivales de celebración del orgullo gay son necesarios porque crean
espacios importantes de conexión entre los hombres y las mujeres homosexuales.
Pero el orgullo de ser homosexual o gay no debería limitarse a esa tarde
de verano, ni debería reducirse a banderitas de arco iris en los bumpers
de nuestros carros. El orgullo debería practicarse día a día,
con nuestras acciones y relaciones con gente homosexual y heterosexual, con
nuestras familias y amistades.
El orgullo diario se puede expresar a trav&ecute;s de las conversaciones que
tenemos con nuestros familiares, amistades, compañeros de trabajo, etc.;
al compartir con ellos –sin ningán temor ni verg¸enza—
nuestros romances, anhelos, fracasos, fantasías y sexualidad; al hablar
abiertamente sobre nuestras necesidades, atracciones, deseos, sentimientos y
pasiones; al ser como somos con o sin ellos.
El orgullo de ser homosexual se debería extender y concretizar en prácticas
positivas de salud sexual, relaciones interpersonales, intimidad, hermandad
y el fortalecimiento de la comunidad.
Por ejemplo, nuestro orgullo se puede concretizar en la intimidad al hablar
con nuestras parejas sexuales sobre las prácticas sexuales, los límites
y los riesgos que podemos tomar. Por otra parte, la participación activa
en eventos de la comunidad gay (desde una lectura de poesía hasta una
marcha política) tambi&ecute;n expresan nuestro orgullo.
Por su puesto que para poder expresar, vivir, disfrutar y compartir nuestro
orgullo, debemos tomar en consideración que somos diversos, versátiles,
expansivos, sugestivos, proponentes, listos, agudos, profundos, exagerados,
moderados, dramáticos, explícitos, tímidos, amorosos, VIH-,
VIH+ y de estatus desconocido. Además, somos jotos/as, maricones, queenas,
vestidas, tops, bottoms, universales, butch, machos, sexy, feos, pretty boys
y más. Tenemos nuestro espacio, preferencias, gustos, deseos, valores
y experiencias por las cuales debemos tener orgullo y que deben ser respetadas
por los demás y por nosotros mismos.
En estos tiempos de festejos, del SIDA, de guerras y racismo celebramos lo que
podemos ser y celebramos la limitada libertad de expresión sexual que
tenemos. En estos tiempos, es importante reflexionar sobre la importancia de
nuestro orgullo y cómo &ecute;ste influye en nuestro bienestar. En este
contexto, será el orgullo que nos podrá ayudar a ser un poco más
felices y a cuidarnos y respetarnos m·s. No olvidemos que esto no cae
del cielo, sino que nace de nuestras propuestas, acciones y determinaciones.